Estamos leyendo: “Estupor y temblores”

PN459_GEsta novela de inspiración autobiográfica, que ha obtenido un enorme éxito en Francia, cuenta la historia de una joven belga que empieza a trabajar en Tokio en una gran compañía japonesa. Pero en el Japón actual, fuertemente jerarquizado, la joven tiene el lastre de un doble handicap: es occidental y mujer, lo cual la convertirá en blanco de una cascada de humillaciones y de una progresiva degradación laboral que la llevará a pasar de la contabilidad a servir cafés, ocuparse de la fotocopiadora y finalmente encargarse de la limpieza de los lavabos masculinos.

Amélie Nothomb (Etterbeek, Bélgica, 9 de julio de 1966) es una escritora belga en lengua francesa. Debido a la profesión de su padre, diplomático de Bélgica, vivió, además de en Japón, en China, los Estados Unidos, Laos, Birmania y Bangladés. Habla japonés y trabajó como intérprete en Tokio. Desde 1992, ha publicado una novela cada año.

Amélie ha vivido en muchos sitios, encuentra el horror de la guerra y la pobreza, se refugia en el mundo dorado de la infancia, junto a su hermana mayor, de la que permanece muy próxima. A los diecisiete años descubre Europa y más precisamente Bruselas, ciudad en la que se siente extraña y extranjera. Estudia filología románica en la Universidad Libre de Bruselas, pero su apellido evoca en Bélgica a una familia de la alta burguesía católica y a un bisabuelo de extrema derecha, lo que no favorece su integración en una universidad de tendencias liberal-socialistas (sobre ello escribió una novela semi-biográfica, Antichrista). Una vez licenciada, regresa a Tokio y entra a trabajar en una gran empresa japonesa. Posteriormente relató esta experiencia penosa en su novela Estupor y temblores(Stupeur et tremblements), Gran Premio de Novela de la Academia Francesa en 1999, y fue llevada al cine por Alain Corneau en 2003.

Fuentes: Anagrama, Wikipedia

Más comentarios de un lector electrónico: el Sony Reader PRS-T2

SONPRST2HBCLos primeros ebooks que leí fueron de Dungeons & Dragons, la conocida saga de Drizzt y sus amigos a lo largo y ancho de Faerun. Eran unos pdf’s que busqué y descargué de internet luego de leer los primeros tres volúmenes que Planeta publicara como parte de una colección de literatura fantástica, allá por el 2005. Era muy difícil conseguir la saga completa en Buenos Aires, pero en internet estaban los pdf’s -el formato del momento. Leí los ocho o diez libros en un monitor de tubo que me quemó la vista, en las horas muertas que mezquinaba la oficina.

Hoy es mucho más fácil encontrar un libro en internet, descargarlo y leerlo en un e-reader sin mayores trámites. Cada vez más el procedimiento se asemeja al que frecuentemente recurrimos para cargar nuestro reproductor de música, y cada vez más nuestra biblioteca digital se engrosa para incluir miles y miles de libros. Son tiempos generosos para el lector venturoso.

Durante varios meses usé una tableta como soporte de lectura. Una de las razones por las que me decidí a volver a la tinta electrónica fue que sentarme a leer por la noche luego de todo un día trabajando con la computadora no le daba tregua a mis ojos. Pero hay otro motivo que creo es más importante: cuando te sentás a leer en un PRS-T2 u otro, podés estar tranquilo de que no vas a tener distractores originados del aparato, como sí sucede fácilmente con las tabletas. Y esto no tiene que ver puramente con notificaciones o alarmas, sino con el sencillo hecho de que el PRS-T2 sirve para leer, y nada más. No tiene usos adicionales, ajenos al acto de lectura, como sí lo tiene una tableta. Esa funcionalidad extendida y, por supuesto, la fuerza del hábito, pueden sabotear fácilmente nuestras horas de lectura.

Ventajas del PRS-T2

En general, la experiencia de lectura en el PRS-T2 es muy buena. Amén de la ya conocida ventaja de la tinta electrónica en lo que a fatiga visual se refiere, el equipo es bastante cómodo y rápido de manejar. Su peso es adecuado (significativamente más liviano que el Kindle Paperwhite) y el paso de páginas lo suficientemente rápido como para que moleste. La pantalla táctil funciona con precisión en lo que hace a la selección de palabras y el subrayado (se incluye, incluso, un lápiz para mayor precisión), y el diccionario integrado sugiere definiciones con sólo marcar una palabra. La navegación de los menús es rápida y bastante intuitiva, y el sistema puede configurarse en español. Trae diccionarios en varios idiomas. La batería tiene una duración por demás extensa, y si bien esto varía de acuerdo a la frecuencia de uso del aparato, probablemente no tengas que recargar el equipo durante al menos un mes.

Algunas particularidades que me gustaron: se puede configurar la portada que el aparato muestra cuando está “dormido”, sea con la portada del libro que estés leyendo o con una imagen a elección. Marcar una página para volver luego a tomar apuntes o releer un párrafo es rápido y simple: tocás el vértice superior derecho de la pantalla y verás como se “dobla” una puntita de la “hoja”. Las diferentes tipografías y tamaños de letra permiten personalizar la pantalla a tu gusto.

Otro punto a favor es que los dispositivos de Sony en general son rápidamente reconocidos por Calibre, tu gestor de ebooks amigo. Y esto no es cierto para otros dispositivos, como el Papyre. La integración con calibre es esencial para una mejor gestión de tu biblioteca virtual. Calibre reconoce rápidamente el dispositivo y te ayuda a gestionar la carga de libros: es fácil, rápido y gratuito. También podrás hacer la conversión de formatos, en caso de que necesites leer un libro que estén un formato distinto al epub.

El PRS-T2 lee epub, el formato estándar para el libro digital. Esto hace que el aparato en sí sea más abierto y que no tengas que depender de tiendas para comprar libros, ya que buena parte de los ebooks que circulan por internet están en este formato. Asimismo, si usás Windows o Mac el aparato trae un gestor propio de ebooks que te permite cargar libros con DRM comprados en cualquier tienda, abriendo la posibilidad de adquirir libros fuera del Sony eBookstore.

Desventajas del PRS-T2

Solamente encuentro dos grandes problemas. Por un lado, el subrayado o resaltado se aplica como un resaltado oscuro sobre el texto y sin que el texto que queda marcado se vuelva claro para contrastar; adicionalmente, no existe hasta hoy una manera sencilla de exportar todos los marcadores y subrayados fuera del aparato y de una sola vez; solamente se puede exportar uno por uno y utilizando la integración con Evernote, que a su vez guarda cada pedazo de texto en una nota distinta (ridículo, sí). Por otro lado, si bien trae varios diccionarios, tan sólo el diccionario en inglés cuenta con definiciones completas; los otros son diccionarios que traducen del inglés a otros idiomas, o del español al inglés, y cuentan en el mejor de los casos con alguna definición exigua típica de esos recursos. Esto se agrava por el hecho de que no es posible agregar diccionarios al dispositvo, como sí lo permite el Kindle.

A modo de cierre

Los lectores de tinta electrónica te abren la puerta a miles de libros. Clásicos, libros de texto, best sellers, nueva literatura que comienza a circular tanto en papel como en formato digital. Sin considerar la gran cantidad de descargas gratuitas que se encuentran, el mercado del ebook está creciendo y con ello las posibilidades de contar con el libro que buscabas en un soporte cómodo. Y ciertamente es más cómodo leer en un lector como el PRS-T2 que en un libro tradicional: pesa menos, no necesitás dos manos para sostenerlo ni para pasar de página, y podés llevar en él los varios libros que otrora apilarías en tu mesa de luz (y muchísimos más). Claro que el ebook no viste tu casa ni se jacta de qué y cuánto leíste, ni huele bien, ni contiene la alegría de romper un celofán. Como sea, sobre gustos hay mucho escrito y nada resuelto.

La sociedad TOTAL

1376263_225858374249564_2030216398_aLa charla literaria nos encontró reunidos alrededor de una distopía. La tarde del sábado estallaba en el cielo y, adentro, la ronda del mate se intercalaba con churros y medialunas. Siete pisos más abajo el señor Winston Smith, con la barbilla hundida en el pecho para tolerar el viento, bajaba por Eva Perón como un espectro y rumbo al Caballito.

En la mesa esperaban algunas ediciones de la novela 1984. En la telepantalla, una imagen del gran hermano nos advertía la imposibilidad del goce. La charla comenzó despacio, como quien no quiere la cosa, disparando de un tema a otro y sin detenernos mucho en ningún lugar, perseguidos por la opresiva mirada del líder máximo del Partido.

1371313_225857807582954_701956693_nAlgunos temas insistieron: la guerra como sostén de la sociedad clasista, la perpetuidad de una oligarquía en el gobierno del cuerpo y el espíritu, la propaganda como vehículo inevitable para la sumisión de las voluntades, el doblepensar como nudo fundamental de la estructura social… Mientras, las resonancias que la lectura produjo en los lectores fueron apareciendo una a una, a veces abruptamente; otras veces como el resultado del rumiar alrededor de la bombilla.

Despiertos o dormidos, trabajando o comiendo, en casa o en la calle, en el baño o en la cama, no había escape. Nada era del individuo a no ser unos cuantos centímetros cúbicos dentro del cráneo.

La cita se instaló en nuestro cerebro como el sonido de fondo de los transmisores. Queríamos evitar pensarla, pero era imposible. Recordamos a Winston en su mundo distópico, donde el dominio del pensamiento lo encierra en un frenético mundo enloquecedor. Un lunático, una minoría de uno, con una verdad singular: el pasado está siendo reescrito por el presente.

Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro.

Los diarios, los libros, eran reeditados una y otra vez, los documentos eran desechos o reescritos; las memorias corrompidas. El doblepensar era la refinada sutileza del partido para el dominio de las mentes rebeldes, hallarse consciente de la  verdad mientras se dicen mentiras, sostener simultáneamente dos opuestos y creer sin embargo en ambas, aplicar el mismo al propio mecanismo. Una sofisticada disgregación mental.

¿Cómo iba uno a establecer el hecho más evidente si no existía más prueba que el recuerdo de la propia memoria?

1392785_225857044249697_125412262_nRecurrimos a David Theler, citado en el  libro Memoria Compartida, quien nos cuenta como la lucha por la posesión e interpretación de la memoria está enraizada en el conflicto y la interacción de los intereses y valores sociales, políticos y culturales en el presente¹. Los medios de comunicación, como medios masivos modeladores de realidades y formadores de opinión, construyen estos  recuerdos en el contexto de la comunidad, estableciendo qué resulta notable y qué no, quiénes son los héroes de hoy y los malos del mañana. Crean memorias colectivas, fundan identidades, crean valores que pueden ser dirigidos a determinados intereses. En Vigilar y Castigar, Michel Foucault dispara: Hay que cesar de describir siempre los efectos del poder en términos negativos: “excluye”, “reprime”, “rechaza”, “censura”, “abstrae”, “disimula”, “oculta”. De hecho, el poder produce; produce realidad, produce ámbitos de objetos y rituales de verdad. El individuo y el conocimiento que de él se puede obtener, corresponden a esta producción².

En Oceania, el poder insiste: slogans, afiches, rumores, mitologías, propaganda, minutos de odio, recuerdos reacondicionados, doblepensar. Amor por el Gran Hermano.

Asfixia.

Cerramos los libros casi sin aliento. Quedaron temas por charlar, como siempre: La actualidad de muchos planteos de Orwell; las semejanzas y diferencias de la habitación 101 con los centros de detención de la dictadura; los problemas de la administración de un estado cuando se recurre una y otra vez a la figura del líder carismático; el amor como rebeldía en el seno de un estado total; el valor de la vida sin amor.

Salimos a la calle y nos perdimos en la tormenta, cada uno por su lado.

Disgregados.


Referencias

¹Foucault, Michel; Vigilar y Castigar. El nacimiento de la prisión; Siglo XXI, 2002

²Middleton, David, Edwards, Derek, Bakhurst, David (Compiladores); Memoria Compartida. La naturaleza social del recuerdo y del olvido; Paidós Ibérica, 1992

 Orwell, George; 1984; Random House Mondadori, 2013