Más comentarios de un lector electrónico: el Sony Reader PRS-T2

SONPRST2HBCLos primeros ebooks que leí fueron de Dungeons & Dragons, la conocida saga de Drizzt y sus amigos a lo largo y ancho de Faerun. Eran unos pdf’s que busqué y descargué de internet luego de leer los primeros tres volúmenes que Planeta publicara como parte de una colección de literatura fantástica, allá por el 2005. Era muy difícil conseguir la saga completa en Buenos Aires, pero en internet estaban los pdf’s -el formato del momento. Leí los ocho o diez libros en un monitor de tubo que me quemó la vista, en las horas muertas que mezquinaba la oficina.

Hoy es mucho más fácil encontrar un libro en internet, descargarlo y leerlo en un e-reader sin mayores trámites. Cada vez más el procedimiento se asemeja al que frecuentemente recurrimos para cargar nuestro reproductor de música, y cada vez más nuestra biblioteca digital se engrosa para incluir miles y miles de libros. Son tiempos generosos para el lector venturoso.

Durante varios meses usé una tableta como soporte de lectura. Una de las razones por las que me decidí a volver a la tinta electrónica fue que sentarme a leer por la noche luego de todo un día trabajando con la computadora no le daba tregua a mis ojos. Pero hay otro motivo que creo es más importante: cuando te sentás a leer en un PRS-T2 u otro, podés estar tranquilo de que no vas a tener distractores originados del aparato, como sí sucede fácilmente con las tabletas. Y esto no tiene que ver puramente con notificaciones o alarmas, sino con el sencillo hecho de que el PRS-T2 sirve para leer, y nada más. No tiene usos adicionales, ajenos al acto de lectura, como sí lo tiene una tableta. Esa funcionalidad extendida y, por supuesto, la fuerza del hábito, pueden sabotear fácilmente nuestras horas de lectura.

Ventajas del PRS-T2

En general, la experiencia de lectura en el PRS-T2 es muy buena. Amén de la ya conocida ventaja de la tinta electrónica en lo que a fatiga visual se refiere, el equipo es bastante cómodo y rápido de manejar. Su peso es adecuado (significativamente más liviano que el Kindle Paperwhite) y el paso de páginas lo suficientemente rápido como para que moleste. La pantalla táctil funciona con precisión en lo que hace a la selección de palabras y el subrayado (se incluye, incluso, un lápiz para mayor precisión), y el diccionario integrado sugiere definiciones con sólo marcar una palabra. La navegación de los menús es rápida y bastante intuitiva, y el sistema puede configurarse en español. Trae diccionarios en varios idiomas. La batería tiene una duración por demás extensa, y si bien esto varía de acuerdo a la frecuencia de uso del aparato, probablemente no tengas que recargar el equipo durante al menos un mes.

Algunas particularidades que me gustaron: se puede configurar la portada que el aparato muestra cuando está “dormido”, sea con la portada del libro que estés leyendo o con una imagen a elección. Marcar una página para volver luego a tomar apuntes o releer un párrafo es rápido y simple: tocás el vértice superior derecho de la pantalla y verás como se “dobla” una puntita de la “hoja”. Las diferentes tipografías y tamaños de letra permiten personalizar la pantalla a tu gusto.

Otro punto a favor es que los dispositivos de Sony en general son rápidamente reconocidos por Calibre, tu gestor de ebooks amigo. Y esto no es cierto para otros dispositivos, como el Papyre. La integración con calibre es esencial para una mejor gestión de tu biblioteca virtual. Calibre reconoce rápidamente el dispositivo y te ayuda a gestionar la carga de libros: es fácil, rápido y gratuito. También podrás hacer la conversión de formatos, en caso de que necesites leer un libro que estén un formato distinto al epub.

El PRS-T2 lee epub, el formato estándar para el libro digital. Esto hace que el aparato en sí sea más abierto y que no tengas que depender de tiendas para comprar libros, ya que buena parte de los ebooks que circulan por internet están en este formato. Asimismo, si usás Windows o Mac el aparato trae un gestor propio de ebooks que te permite cargar libros con DRM comprados en cualquier tienda, abriendo la posibilidad de adquirir libros fuera del Sony eBookstore.

Desventajas del PRS-T2

Solamente encuentro dos grandes problemas. Por un lado, el subrayado o resaltado se aplica como un resaltado oscuro sobre el texto y sin que el texto que queda marcado se vuelva claro para contrastar; adicionalmente, no existe hasta hoy una manera sencilla de exportar todos los marcadores y subrayados fuera del aparato y de una sola vez; solamente se puede exportar uno por uno y utilizando la integración con Evernote, que a su vez guarda cada pedazo de texto en una nota distinta (ridículo, sí). Por otro lado, si bien trae varios diccionarios, tan sólo el diccionario en inglés cuenta con definiciones completas; los otros son diccionarios que traducen del inglés a otros idiomas, o del español al inglés, y cuentan en el mejor de los casos con alguna definición exigua típica de esos recursos. Esto se agrava por el hecho de que no es posible agregar diccionarios al dispositvo, como sí lo permite el Kindle.

A modo de cierre

Los lectores de tinta electrónica te abren la puerta a miles de libros. Clásicos, libros de texto, best sellers, nueva literatura que comienza a circular tanto en papel como en formato digital. Sin considerar la gran cantidad de descargas gratuitas que se encuentran, el mercado del ebook está creciendo y con ello las posibilidades de contar con el libro que buscabas en un soporte cómodo. Y ciertamente es más cómodo leer en un lector como el PRS-T2 que en un libro tradicional: pesa menos, no necesitás dos manos para sostenerlo ni para pasar de página, y podés llevar en él los varios libros que otrora apilarías en tu mesa de luz (y muchísimos más). Claro que el ebook no viste tu casa ni se jacta de qué y cuánto leíste, ni huele bien, ni contiene la alegría de romper un celofán. Como sea, sobre gustos hay mucho escrito y nada resuelto.

La sociedad TOTAL

1376263_225858374249564_2030216398_aLa charla literaria nos encontró reunidos alrededor de una distopía. La tarde del sábado estallaba en el cielo y, adentro, la ronda del mate se intercalaba con churros y medialunas. Siete pisos más abajo el señor Winston Smith, con la barbilla hundida en el pecho para tolerar el viento, bajaba por Eva Perón como un espectro y rumbo al Caballito.

En la mesa esperaban algunas ediciones de la novela 1984. En la telepantalla, una imagen del gran hermano nos advertía la imposibilidad del goce. La charla comenzó despacio, como quien no quiere la cosa, disparando de un tema a otro y sin detenernos mucho en ningún lugar, perseguidos por la opresiva mirada del líder máximo del Partido.

1371313_225857807582954_701956693_nAlgunos temas insistieron: la guerra como sostén de la sociedad clasista, la perpetuidad de una oligarquía en el gobierno del cuerpo y el espíritu, la propaganda como vehículo inevitable para la sumisión de las voluntades, el doblepensar como nudo fundamental de la estructura social… Mientras, las resonancias que la lectura produjo en los lectores fueron apareciendo una a una, a veces abruptamente; otras veces como el resultado del rumiar alrededor de la bombilla.

Despiertos o dormidos, trabajando o comiendo, en casa o en la calle, en el baño o en la cama, no había escape. Nada era del individuo a no ser unos cuantos centímetros cúbicos dentro del cráneo.

La cita se instaló en nuestro cerebro como el sonido de fondo de los transmisores. Queríamos evitar pensarla, pero era imposible. Recordamos a Winston en su mundo distópico, donde el dominio del pensamiento lo encierra en un frenético mundo enloquecedor. Un lunático, una minoría de uno, con una verdad singular: el pasado está siendo reescrito por el presente.

Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro.

Los diarios, los libros, eran reeditados una y otra vez, los documentos eran desechos o reescritos; las memorias corrompidas. El doblepensar era la refinada sutileza del partido para el dominio de las mentes rebeldes, hallarse consciente de la  verdad mientras se dicen mentiras, sostener simultáneamente dos opuestos y creer sin embargo en ambas, aplicar el mismo al propio mecanismo. Una sofisticada disgregación mental.

¿Cómo iba uno a establecer el hecho más evidente si no existía más prueba que el recuerdo de la propia memoria?

1392785_225857044249697_125412262_nRecurrimos a David Theler, citado en el  libro Memoria Compartida, quien nos cuenta como la lucha por la posesión e interpretación de la memoria está enraizada en el conflicto y la interacción de los intereses y valores sociales, políticos y culturales en el presente¹. Los medios de comunicación, como medios masivos modeladores de realidades y formadores de opinión, construyen estos  recuerdos en el contexto de la comunidad, estableciendo qué resulta notable y qué no, quiénes son los héroes de hoy y los malos del mañana. Crean memorias colectivas, fundan identidades, crean valores que pueden ser dirigidos a determinados intereses. En Vigilar y Castigar, Michel Foucault dispara: Hay que cesar de describir siempre los efectos del poder en términos negativos: “excluye”, “reprime”, “rechaza”, “censura”, “abstrae”, “disimula”, “oculta”. De hecho, el poder produce; produce realidad, produce ámbitos de objetos y rituales de verdad. El individuo y el conocimiento que de él se puede obtener, corresponden a esta producción².

En Oceania, el poder insiste: slogans, afiches, rumores, mitologías, propaganda, minutos de odio, recuerdos reacondicionados, doblepensar. Amor por el Gran Hermano.

Asfixia.

Cerramos los libros casi sin aliento. Quedaron temas por charlar, como siempre: La actualidad de muchos planteos de Orwell; las semejanzas y diferencias de la habitación 101 con los centros de detención de la dictadura; los problemas de la administración de un estado cuando se recurre una y otra vez a la figura del líder carismático; el amor como rebeldía en el seno de un estado total; el valor de la vida sin amor.

Salimos a la calle y nos perdimos en la tormenta, cada uno por su lado.

Disgregados.


Referencias

¹Foucault, Michel; Vigilar y Castigar. El nacimiento de la prisión; Siglo XXI, 2002

²Middleton, David, Edwards, Derek, Bakhurst, David (Compiladores); Memoria Compartida. La naturaleza social del recuerdo y del olvido; Paidós Ibérica, 1992

 Orwell, George; 1984; Random House Mondadori, 2013

Ideas para la lectura

Lector ensimismado, por Pablo Gallo

Lector ensimismado, por Pablo Gallo

Algunas actividades que giran alrededor de la lectura. Propuestas que seguramente ya conocés y muchas que probablemente no practicás, compiladas en un sólo lugar con la intención de invitarte a seguir leyendo.

Compartí tu lectura. Leer un libro no tiene porqué ser una aventura solitaria. Compartí tus comentarios de lectura con amigos, o mediante internet, con otra gente que haya leído el mismo libro. Así vas a conocer de primera mano cuántas maneras distintas de interpretar un texto existen, nutriendo tu propia lectura con otros puntos de vista. Es fácil organizarte con algunos conocidos para leer la misma novela y luego poner una fecha de reunión para charlar: un café tranquilo o el living de alguno de los asistentes basta para comenzar. También podés buscar organizarte en alguna red social: Lecturalia, Goodreads o simplemente un grupo en facebook pueden ser el medio para conectarte con otros lectores y conversar sobre tu lectura.

Hay un tiempo para cada libro. La relación entre un lector y un libro es siempre única. Es posible que te hayas embarcado en la lectura de un clásico que, no obstante, te resulta aburrido o difícilmente comprensible. Algunos libros requieren ciertas lecturas previas; otros nos exigen estar, o bien haber pasado por determinados momentos o etapas en nuestra vida. No te desanimes: dejar la lectura no es un crimen, y muchas veces es mejor guardar ese libro para leerlo en el futuro, cuando tu relación con el texto esté más madura.

Las ventajas de Internet. Cada libro establece un diálogo con la sociedad en la que fue escrito: referencias a otros libros y autores, a hechos históricos o culturales, a las otras artes como la música o la pintura, etc. Con internet podemos buscar rápidamente las referencias que se nos escapen para poder estar más atentos al desarrollo de la historia y al contexto en el que fue escrita la novela.

Amigate con el resaltador. Subrayar o resaltar los pasajes más significativos de la obra es una buena manera de marcar qué implicó (en qué te implicó) esa lectura. Ideas o frases poéticas, por razones ideológicas o estéticas, pueden terminar conformando una especie de punteo del texto en el que se resaltan los aspectos más fuertes de la obra. Si sos un lector digital, asegurate de que tu lector de libros te permita no sólo subrayar sino exportar los pasajes marcados, de modo que puedas guardarlos en algún archivo especial; incluso podés armar un gran archivo de citas para futura referencia.

¿Dónde leer? Los distractores amenazan la concentración y una buena lectura sostenida. Sin embargo, no a todas las personas les distraen las mismas cosas y con la misma intensidad: es posible que a vos te resulte mejor leer con una buena música de fondo, mientras que otro prefiera unos pájaros y el ruido de las acacias meciéndose al viento generoso de la tarde. ¿En la soledad de un cuarto o entre desconocidos en un café? Algunos recorrerán las plazas en busca del sitio definitivo (y aunque parezca que siempre esté ocupado, no se rindan), otros probarán bibliotecas públicas que permitan entrar con libros; los más impíos no descartarán las iglesias. Buscá tu lugar y forma, y mientras estás en la búsqueda: ¡no te olvides de leer!

Trabajar los libros. Una lectura comprensiva se vale de ciertos recursos. Trabajá con un diccionario cerca, pero no te detengas en cada palabra porque sino la lectura se volverá tediosa; es probable que los términos desconocidos se repitan, por lo que tendrás más de una oportunidad de buscarlos. Identificá los temas principales del libro y tomá notas siempre que sea necesario; recurrir a nuestras anotaciones es un recurso valioso a la hora de volver sobre el libro para escribir un comentario o elaborar una conclusión. ¿Estás leyendo una novela rusa? Hacete un diagrama de los personajes y sus relaciones, ¡así no perdés el hilo!

Ver para creer. Si estás leyendo una una obra cuya trama se desenvuelve cerca de donde estás, puede ser interesante salir a recorrer los lugares públicos que se mencionan. Muchas novelas están sembradas de referencias a lugares que existen en la vida real, y algunos otros lugares que tal vez no existan… pero vale la pena ir a verificarlo. Se cuenta, sin ir muy lejos, que en las inmediaciones de la Iglesia Inmaculada Concepción de Belgrano todavía existe, oculta, la entrada al universo de los ciegos que Sábato describió en su controvertido informe…

Planificar la lectura. Puede resultarte estimulante hacer alguna planificación de tus próximas lecturas de acuerdo a diferentes ordenadores. Por ejemplo: ¿por qué no leer las obras fundamentales de la generación beat? ¿O del boom latinoamericano? O quizás quieras comenzar una lectura de las obras que más influyeron a tu autor preferido, o leer a tu autor preferido por completo. Esto te permite hacer comparaciones entre las obras en relación a un eje, a la vez que te invita a investigar un poco sobre los libros y el contexto en el que fueron escritos.

Llevá tu libro a todas partes. Un libro es un gran compañero de viaje y siempre es bueno salir de casa con uno en la mochila. Es verdad que existen lecturas que requieren un espacio de lectura más ajustado a tus necesidades atencionales, pero leer en el colectivo no tiene porqué ser un problema; quizás tengas que releer luego ese pasaje, o quieras en cambio usar los viajes para volver sobre las frases que más te gustaron y marcarlas. Por otro lado, quién te dice que fuiste a hacer ese trámite y hay mucha gente esperando: con un libro encima podés dejár tu cuerpo en la fila y transportar tu mente a veinte mil leguas de viaje submarino.

Lectura zen. Hay veces en que estamos ansiosos por terminar la lectura; ya sea porque tenemos urgencia por saber el final de la historia, o bien porque queremos sacarnos de encima ese libro plomo que nos recomendó la tía. En el mejor de los casos estamos leyendo un texto que nos apasiona y nos resistimos a dejarlo en la mesa de luz, a pesar de la madrugada y las obligaciones del día siguiente. No obstante, la emoción que mantiene alerta nuestra lectura puede, también, hacernos pasar por alto numerosos giros de la obra, ya que nuestra lectura, lejos de ser calma y reflexiva, se ha convertido en una caída libre a través del abismo literario de la impaciencia. Contra todo ello, lee con calma. Saboreá cada palabra. Detenete sobre los párrafos intensos y repensalos. Disfrutá los diálogos escuchando a los personajes, seguí la puntuación para entender los tiempos. Apreciá el tiempo de la lectura, cultivalo con paciencia, un contexto apropiado y mucho amor.

Los pochoclos y los libros. La literatura y el cine son buenos y viejos amigos. Muchas películas están basadas o son adaptaciones de obras literarias: ¿leíste el cuento de Scott Fitzgerald en el que está basada la película El curioso caso de Benjamin Button? Ir a la obra literaria puede ser un lindo complemento para tu experiencia pochoclera, así como también puede serlo ver la película luego de haber leído la obra en la que se basa. En todo caso, no esperes encontrar en el cine lo mismo que leíste en el libro, ya que se trata de formatos diferentes y de autores diferentes, con libertades diferentes. No obstante, la película (o la serie) puede inspirar alguna relectura o poner en perspectiva alguna parte de la obra que no terminaba de cerrarte. También tené en cuenta que la relación entre el cine y la literatura tiene una doble dirección: la novelización de la película, o incluso su guión, suele publicarse en forma de libro; también existen novelas que expanden el universo de un film o serie de televisión, aportando nuevos detalles e historias dentro del contexto ficcional de la obra (sin ir muy lejos, el premio Hugo de este año fue otorgado a la novela Redshirts, que se desarrolla en relación al universo de Star Trek).

Apagá la tele, la radio, la compu, el teléfono, la tablet… zambullite en el silencio multimedial por unos pocos minutos y sentate a leer. Dedicate a leer, cómodo, tranquilo, atento. Lee por placer. Libros, autores, historias y personajes: una fiesta inagotable de colores, de caminos, de vidas que atraviesan tu vida y te abrazan para siempre. ¡A leer!